Una princesa en Berlín

640px-KZ_Sachsenhausen_-_neutrale_ZoneLo que más me chocó cuando empecé a intimar con alemanes, en este caso con el padre tigre y los seis maromos de casi dos metros con los que compartía zulo en Oxford, fue que nunca -y cuando digo nunca es nunca jamás never, sin importar la cantidad de litros de alcohol que corrieran por sus venas- daban muestra alguna de orgullo patrio.

Nunca hacían alusión a su nacionalidad, ni a su país como tal, ni nada que pudiera interpretarse como una interjección ligeramente patriótica. Mientras, los españoles, los italianos y los franceses paseábamos nuestras borracheras proclamando nuestro orgullo patrio a voz en grito sin pudor.

Yo, ni corta ni perezosa, les pregunté el porqué de aquella timidez suprema. Ellos me miraban de hito en hito como si acabara de despertarme de medio siglo de crionización, sin acertar a comprender de qué guindo se había caído esta insensata que se atrevía a hablar en alto de orgullo nacional alemán, el Voldermort de la Europa contemporánea. Aquella noche aprendí muchas cosas.

Teniendo en cuenta que los de mi generación crecimos cantando “Franco, Franco, que tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel” en el patio del colegio, es comprensible que aquel decoro histórico me sonara a chino filipino. No me daba yo cuenta entonces del pesadísimo bagaje que arrastra todavía la tercera generación de Alemanes desde la segunda guerra mundial. Allí estaba sin ir más lejos, uno de los nietos del General von Rundstedt.

Los alemanes no han querido olvidar ni ocultar su terrible herencia. Los alemanes decidieron construir el futuro mirando al frente, con determinación y empeño, pero con la cabeza siempre un poco gacha y el gesto ligeramente mustio en señal de respeto y duelo.

Recientemente Molinos, la reseñadora oficial de la blogosfera, me recomendó Una princesa en Berlín, una novela de ficción que está muy bien para hacerse una idea de lo que era el Berlín entre guerras de los años veinte y treinta. Una de las cosas que más me ha interesado de este retrato ameno del Berlín de la época desde las más altas esferas hasta los bajos fondos, ha sido encontrarme con apellidos conocidos y constatar el sitio en la historia que tuvieron los antepasados de amigos y conocidos marcados desde su nacimiento con el peso de legados familiares que reabren algunas heridas que nunca acabarán de cicatrizar.

Como les decía, los alemanes no son de negar ni huir de las verdades. Cuando se les pregunta suelen contestar siempre con ademán prudente y respuestas directas sin hacer amago de adornar o maquillar ni siquiera la más terrible de las verdades. Cualidad ésta de la que me he aprovechado vilmente para preguntar a diestro y siniestro para saciar mi sed de chascarrillo histórico. Así he ido confeccionando mi propio almanaque con historias que harían las delicias del mismísimo Spielberg.

Uno de los episodios más fascinantes con los que me he encontrado es la de la familia de una buena amiga. La primera vez que me la contó estaba también La Jefa (de la que por cierto ya hablaremos largo y tendido porque va camino de convertirse en la sucesora de El Pequeño Nicolás), se pueden imaginar nuestra cara cuando empezó su historia así: ” En mi familia eran nazis. No unos nazis cualquiera, eran nazis de los malos, de los peores.”

Su abuela era la hija pequeña de una familia de nazis acaudalados. Tenían un hotel y un café muy frecuentado por la cúpula Nazi en general y por Oskar Schindler (el de la lista) en particular, al que su abuela recordaba como un señor muy borde, lo que concuerda con la imagen que dan de él sus biógrafos. Por lo visto no era en absoluto el prototipo de héroe que cabría imaginar, lo que no quita para que fuera la persona que más vidas judías salvó a título personal. Como suele ser habitual, las apariencias engañan.

La abuela, que por aquel entonces era una adolescente de buen ver, tenía un tórrido romance con uno de los oficiales Nazis más tristemente célebres. Uno de los que abogaron por La solución final en la conferencia de Wannsee y luego fueron juzgados y ejecutados por crímenes contra la humanidad. Uno de esos nombres que no puedes decir en alto sin que se te pongan los pelos como escarpias.

Cuando el fin de la guerra era ya inminente y el avance de los rusos un hecho, la familia al completo no vio otra salida que quitarse la vida. La abuela, que acababa de descubrir que estaba embarazada, se escondió en un piano de cola y consiguió huir a Alemania del Oeste donde con dieciséis años se encontró sola, la única superviviente de su familia y embarazada del hijo de uno de los nazis más infames.

Como no podía darle a su hijo su apellido ni por supuesto el de su padre, se inventó un apellido sin memoria y empezó una nueva vida desde cero.

Quiso el destino que acabara casándose con un checo que había perdido un brazo en un campo de concentración y que acabó ejerciendo de padre del hijo bastardo de un Nazi de alto rango. Este señor al que también tuve la suerte de conocer, contaba cosas tan espeluznantes como que era mentira que la comunidad internacional no supiera lo que estaba pasando en Alemania con los judíos. Por lo visto, durante las olimpiadas de Berlín, muy cerca de las instalaciones olímpicas, había un campo de concentración a la vista de toda la prensa internacional que fue a Berlín a cubrir los juegos.

Precisamente durante los juegos este campo de concentración que estaba ni más ni menos que en el aeropuerto a la vista de propios y ajenos, fue desmantelado y los prisioneros fueron trasladados a otro campo de concentración de estreno a sólo 25 kilómetros de Berlín.  Este nuevo recinto  llamado Sachsenhausen tenía la particularidad de que junto a la valla que lo delimitaba había una franja de tierra. Cualquiera que pusiera la punta del pie en aquella franja era abatido a tiros sin mediar palabra. Según él que lo vivió en propias carnes esto no era ningún secreto.

No es fácil encontrar el equilibrio entre el pasado, el presente y el futuro, sólo se puede admitir lo pasado, aprender de los errores y calamidades y cruzar los dedos muy fuerte por un futuro mejor.

* Foto cortesía de Kondephy

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42 thoughts on “Una princesa en Berlín

  1. Sí que es verdad que para los alemanes las cosas están aún demasiado recientes. Para gentes de nuestra edad, fueron sus abuelos los protagonistas, y no los buenos, precisamente. Es una sensación extraña sacar el tema con un alemán delante..aún hay heridas abiertas. Buen relato, como siempre, Madre Tigre

  2. Gran relato como siempre, que me da la oportunidad de conocer algunos anteriores. Yo también he visitado el terrible campo que mencionas, salí deshecha.
    Un abrazo valenciano, Madre Tigre.

  3. Leí esa novela hace mil siglos. Me la pasó mi hermano con la coletilla de “te gustará”. Fue lo primero que leí que me hacia comprender -o me ponía sobre la pista- de qué hizo que toda una nación mirara para otro lado … cuando menos, claro. Como dices, los alemanes tienen un cuajo brutal para mirarse a sí mismos. Me ví en la ORF toda una serie de documentales sobre el nacional socialismo primero, y la guerra después. Se hizo en los años 80 así que había muchos testimonios en primera persona. Uno de esos capítulos trataba sobre el problema de los niños. Eran un estorbo y contaban las medidas que se tomaron. Un anciano, que tenía 16 cuando sirvió en uno de estos campos, contaba como “eliminó” a un padre y a su hijo pequeño. Mientras el padre cavaba, el niño no dejaba de mirarle. Cumplió la orden. Dice que la mirada de este niño le acompañó la vida entera. Cada día y cada noche. No paraba de llorar mientras lo contaba. Cuando le preguntaron por qué no se negó a cumplir la orden dijo que eso no se hacía. Quién no cumplía era traidor y corría la misma suerte y además, jamás pensó que viviría tanto para lamentarlo…

    Ay ya yaiii… cosas que dejan el alma seca. Por cierto, lo que cuentas de que todos sabían. Vaya si sabían. Ya hay muchas fotos descalificadas, de esas que hacían los aviones espias. He visto unas cuantas en Wikipedia. Los trenes abiertos y las colas directamente a los crematorios. Manuscrito encima, todo tipo de detalles sobre la gente, los montones de zapatos, etc. incluso en una, una flecha apunta a algo en la puerta de uno estos hornos que dice : huerto.

    En fin, que así es. Hay que afrontar, asumir, aprender y sobre todo, evitar que el pasado se repita. Por cierto, me tomo la libertad de recomendarte un libro autobiográfico: El falsificador de pasaportes de Cioma Shönhaus, un adolescente que consiguió escapar y refugiarse en Suiza…

    Un abrazo gordo

    1. Se me ponen los pelos como escarpias, fue tan tremendo, tanta gente hizo la vista gorda o colaboró activamente que cuesta entender.

      Eres la segunda que me recomienda ese libro así que voy a por él.

      ¡Gracias!

  4. ¡Uf!
    Es interesante reflexionar sobre esa manera de afrontar el presente. Esa manera de construir y reconstruir una memoria.
    ¡Que fuerte y que interesante conocer a personas que sin importar el peso que ejerza un apellido pueden ser mejores que cualquiera!
    Buen relato sin duda…

    Un besote desmadroso

  5. Te doy toda la razón, a mí también me sorprendió lo de ser tan poco patrióticos…
    En Espana, a menor escala, tampoco es que la Guerra Civil y la Dictadura sean algo como para estar orgullosos, pero creo que nosotros somos más de tomarnoslo a la ligera y quitar hierro al asunto.
    Gracias al fútbol la cosa cambia un poco y al menos cuando hay Eurocopa o Mundial sacan las banderas a relucir.

  6. Me parece emocionante como cuentas estos relatos. Ay que ver la de vueltas que da la vida y como nos podemos encntrar despues de anyos… Algo que si valoro en los alemanes es el grado de conciencia que tienen sobre su historia, no pasa asi con la nuestra. Yo tambien cante en el metro”el culo blanco de Franco” sin tener ni la menor idea de quien era ese senyor. La pregunta es, que pasa con nuestra historia(?), nunca la aprendi ni en la escuela ni el instituto… De la nuestra casi nadie habla, aparte de algunas novelas hostoriadas(me encanto la de Almudena Grandes). Lo que si he decubierto a lo largo de los anyos es que realmente nada ha cambiado profundamente(un golpe de efecto). Mi marido es aleman y siempre me meto con el sentimiento de culpa(aun el que no vivio nada) tienen…

    Felicidades por como escribes, me encanta!!

    1. Yo creo que los alemanes han hecho un esfuerzo muy consciente para no olvidar y para que las generaciones que les siguen conozcan las historias en sus facetas más duras. No sé si lo siguen haciendo pero la generación de mi marido los llevaban a todos a los campos de concentración de visita. Había que verlo, por muy duro que fuera.

  7. Creo que ya te he contado que mi cuńada de Madrid era hija de un alemán, hijo a su vez de la Condesa o Baronesa o algo así Faber-Castell(sí, los de los lapiceros).
    Ni que decir cabe cómo esa familia siguió con la compańía durante la guerra ni el porqué luegon se exiliaron en Espańa, verdad?.
    Muy buena entrada.
    Uno no es culpable de lo que hicieron sus antepasados.

  8. A veces las cosas del pasado pesan pero es bueno la gente que las afronta y reconoce y en fin….ya sé que no es lo mismo ni por asomo pero la tierra de la que procedo a veces hace que las cosas históricas pesen mucho..
    Cuenta ya lo de la jefa, que nos has dejado en ascuas??????

    Saludos

  9. sí, nos ponemos siempre en la piel de unos y nos solemos olvidar de los otros. En este caso tú nos lo has recordado. Muchas gracias por este post

  10. los latinoamericanos (en otra escala, por supuesto) tenemos la historia familiar entremezclada con la historia del país, el realismo mágico no se ha desprendido de la política nunca!

    mi caso es aún peor, los genes de mi padre son tan dominantes que ni ocultando el apellido me he salvado de que nos relacionen ;)

  11. Bueno, lo de los alemanes evidentemente no tuvo nombre. Y supongo que si, que habría muchos que no se enteraran de nada, pero también habría muchos otros que si. Pero para qué nos vamos a molestar, que podemos estropear las relaciones hombre.
    Hace pocos años tuve la ocasión de tratar durante unos meses con un chico argentino. Su padre fue uno de los jóvenes que ¿desaparecieron?. Literlmente su asesino, se acercaba a su casa a tratar de intimar con él (con el niño). Justo en la época en la que le conocí, salió publicado su nombre oficialmente como uno de los asesinados por “x”. Ahora, en la ciudad donde vivía, hay un instituto que lleva el nombre de su padre. ¿Paga eso algo? Al menos supongo que él puede sentirse orgulloso de estar “en el otro bando”.

    P.S.: como soy a veces tan incrédula, cuando empezó a contarme esta historia me fui a san google, a ver qué opinaba y realmente la historia no fue exactamente así: el padre era bastante más importante de lo que este chico quiso nunca contar.

  12. Hay pasados tan terribles que son unos pesados lastres difíciles de olvidar . Pero ¿Qué culpa tienen las nuevas generaciones ?. No se les debe hacer responsable de ello.
    Para los que nacemos y crecimos en América ,el pasado tétrico de Alemania nos resulta desconocido en detalles, pero conocemos los resentimientos históricos absurdos ,como en ciertos pueblos o países que sienten verdadero rencor por España, porque mataron,violaron a sus mujeres y esquilmaron su oro, incluso se enseña en los colegios y esto es absurdo en estos tiempos ,en pleno siglo 21. Aún y con todo, la gente sigue perdiendo disfrutar de la vida por estos rencores .

  13. Cuando he visto el nombre del post he pensado en ese libro que me encantó y que he releído un par de veces. Y es que el período de Entreguerras me fascina.
    Hay un libro que se llama Historia de un joven alemán que cuenta el proceso de como se convierten al nazismo. Me pareció muy interesante porque te preguntas cómo se pudo llegar a tal horror. Y las personas cuando se sienten acorraladas se vuelven muy extremas. Algo similar a lo que pasa en Francia con los hijos de los inmigrantes musulmanes y con el terrorismo islámico.
    Una amiga, hija de padres palestinos, nos contaba como la familia en Palestina se había radicalizado cuando siempre habían sido una familia que no eran creyentes.
    Así que, por desgracia, tenemos cerca demasiados ejemplos para no pensar que eso no volverá a pasar.
    Qué fan soy tuya!!!
    Besos

  14. Son historias que ponen los pelos de punta, pero que es bueno que se sepan. A mi lo que más me reconcome es pensar en las barbaridades que se cometen a día de hoy y que igualmente se mira para otro lado…

  15. Impresionante. Se les podrá decir muchas cosas a los alemanes, pero que reconocen su historia es innegable, me gusta que no se olviden de la historia, (como pasa aquí…) y se construya a partir de los fallos.
    Es emocionante leerte.

  16. Me ha encantado el relato! Me quedo con ganas de más, la verdad…
    No hay nada como conocer la historia para evitar que no se produzcan los errores del pasado. Cruzo también los dedos por un futuro mejor.

    Muy fan de tu blog madre tigre!

  17. Como siempre es un placer leerte, eso es así.
    Coincido en que la historia no se puede olvidar aunque gracias al paso del tiempo la vamos superando.
    Los españoles, no sé donde hemos aprendido o quién nos ha enseñado, que lo mejor es negar nuestra propia historia. Sí, es cierto, mucha burla, mucha canción para mofarnos y para soltar el cabreo… y ya, se acabó… las cunetas siguen como siguen y la historia seguimos negándosela a nuestros propios hijos..
    Con lo que estoy menos de acuerdo, con todos mis respetos (ya tú sabes..), es con lo de cruzar los dedos. No, así no funciona esto.
    Si queremos que la historia nos respete, debemos obligarnos a formar parte de ella.
    Los cambios, las alegrías, las catarsis no se desean, se pelean. Sino corremos el riesgo de estar mirando a otro lado mientras tenemos los dedos cruzados…
    Bss mil!!

  18. Libros recomendables, que seguro muchos ya conoces o has visto las películas, a mi me gustaron mucho:

    – El lector. (sobre la postguerra alemana)
    – La llave de Sarah. (de como los franceses hicieron también la vista gorda, también enviaron a campos a las familias republicanas que se refujiaron allí y las entregaron a los nazis.)
    – La ladrona de libros (durante la guerra la presión que vivía la población de a pie alemana)
    – La voz dormida o el Lápiz del carpintero (post guerra española)
    – Dispara yo ya estoy muerto (compendio desde la época zarina rusa hasta la actual, pasando por guerra mundial y origen conflicto judeo-palestino, puede resultar algo denso)

    Y en otra línea la supervivencia a una infancia dificil en la américa de la postguerra: El palacio de cristal (engancha y encanta).

    Sobre historias de la vida real, uno de mis bisabuelos campesino bastante culto – autodidacta, contaba como cuando venían los de uno o otro bando en las montañas de Lugo “había que esconder a las mujeres y a las vacas” porque se las llevaban, incluso tras la postguerra, con 5 hijas y una esposa y una suegra a su cargo, cogió bártulos y se cambió a una aldea de Coruña dónde las cosas estaban más apacigüadas.
    Y un abuelo médico y profe rural contaba como había también que esconder a la gente cuando andaban heridos y a la gresca, dividían el pueblo por zonas según tocaba y había familias enfrentadas.
    El abuelo de mi marido, pescador, tuvo que huir en barco con otros marinenos en una noche de tormenta, pero naufragaron.
    El abuelo de una compañera de colegio, contaba que estuvo preso escondido y preso por apolítico y no querer pelear en la guerra, y que cuando la cárcel estaba muy llena, tiraban bollos de pan al patio para que se pelearan y se mataran por ellos, y los tuvieron años a lentejas.

  19. Supongo que mientras haya vida tal y como la conocemos, desgraciadamente seguirá sucediendo porque la base para intentar que no se vuelva a repetir es la educación. Educar a nuestros hijos que serán los líderes del futuro. Pero es que no interesa, ni económicamente ni políticamente ni socialmente ni ná de ná.

    Me gusta mucho que toques cualquier tema y no te encasilles en nada.

    Un besazo!

    (Te leo siempre pero es la primera vez que escribo)

  20. A los austriacos les resulta muy dificil hablar del tema. Mi suegro paso y sobrevivio TODA la guerra en Rusia, de los 18 a los 23 años. Nunca fue capaz de contar sus vivencias a sus hijos, cuando fallecio descubrimos todo lo que habia vivido gracias a los testimonios de sus amigos. Mi marido dice que de pequeño nunca pudo jugar a juegos con pistolas, porque su padre no lo soportaba, les decia que un arma no es un juguete. Es un tema que me interesa mucho, nos compramos la serie en DVD Österreich I de ORF, que ayuda a comprender mejor lo sucedido desde el comienzo de la I Guerra Mundial.

  21. La abuela de maridín no llegó a ver la aprobación de Alemania para comprar y enviar armamento militar a la población kurda para “defenderse” del yihadismo porque falleció antes. Pero el sólo hecho de que Merkel planteara esa posibilidad la hizo llorar delante del televisor mientras escuchaba las noticias y se sintió muy avergonzada de que su país se dispusiera a participar en una guerra. La abuela consideraba que ninguna guerra debía ser empezada. Ni que era lícito participar activamente de ningún modo. Sabía bien de qué hablaba… Como muchas familias alemanas, tenía un pasado y lo explicaba con honestidad, como explicas, pero también tenía un presente ético basado en un proceso de reflexión muy importante que realizó tras la devastación emocional que sumió al país tras la segunda guerra mundial.
    Siempre he envidiado eso de la cultura alemana, ya que aquí no hubo tal proceso de reflexión tras la dictadura. Destape, Movida madrileña y para de contar.
    Por cierto, ya te han hecho recomendaciones pero me atrevo a dejarte otra porque es el mejor libro que leí en 2014: “No hay cielo sobre Berlin”, de Helga Schneider (Anagrama).

  22. Yo crecí escuchando esas historias. Desde como mi abuela y sus hermanas sobrevivieron a un bombardeo por los pelos, a como su hermano acabó huyendo a Estados Unidos. También como mi bisabuelo, miembro del partido nazi, acabó en un campo de concentración. Y la cara de horror de mi abuela mientras jura y perjura que no sabían lo que sucedía ahi dentro.

    Saludos!

  23. Qué post más interesante… me ha encantado leer historias personales sobre un hecho histórico tan espeluznante.
    Un punto a favor de los alemanes, por ser sinceros aunque ellos no tengan culpa ninguna de lo que pasó hace decenas de años… son un pueblo que me encanta, y después de leer tu post, aún más. Me encanta la gente humilde y que no enmascara cosas que no son.
    Besos!

  24. Lo primerito, enhorabuena por toda tu prole, son fantásticas. Y segundo, gracias por compartir tus vivencias, con esa forma tan directa y entretenida tuya de relatar.

  25. Gracias por traerme de vuelta “Una princesa en Berlín”. Me encantó ese libro. Lo leí mientras vivía en Berlín con 24 añitos. Ahora voy corriendo a rescatarlo aunque no sé en qué caja andará.

    Gracias también por poner estos temas sobre la blogosfera. Nos hace reflexionar a todos. Me ha gustado leer los comentarios.

    El abuelo de mi marido pasó varios años en Siberia comiendo pescado crudo y eso a sus veintitantos. Ahora ha escrito una autobiografía y el 70% la dedica a esos años!! A pesar de que es una parte proporcionalmente muy pequeña de su vida…

    Lo más impactante para mí fue, como bien comentas, ver por primera vez en el mundial las banderas alemanas en la calle y a los alemanes orgullosos de serlo. Después de años por fin veía una bandera!!! Marcó un antes y un después.

    Besos tigresa

  26. Geniales historias. Yo soy una imprudente preguntona y mientras estuve alli me intenté enterar de todo. Un anciano en el restaurante donde trabajaba aparte de enseñarme la palabra aufgegesen (creo) me contaba cosas de la guerra, mi amiga y su madre me contaron cómo huyeron sin billete en un tren rumbo al oeste gracias a una estratagema del abuelo al que habían denunciado y huyó con su familia sin planearlo. Es para escribir un libro o más. .. el gran drama para mí es centrarnos en los alemanes cuando los rusos son la bomba…

  27. seguro que ya te lo han recomendado, hay un libro de una niña parecida a las tigresas, se llama ¨Celia, lo que dice¨esa serie de historias, haciéndole perrerías a las monjas marco mi infancia, esa niña era un genio y su hermano molaba

  28. Lo leeré porque me fascina la novela histórica
    Resido en Francia, y desde que estoy aquí, he aprendido mucho más de la segunda guerra mundial que lo que nos ensenaron en España, creo que para nosotros eso quedo más lejano, y además bastante teníamos ya con la guerra civil. ¡ Nunca es tarde! Muy buen post;)

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