Dos gallinas y un destino

IMG_5717-compressorEl zorro se ha comido mis gallinas.

No, no es una cita de un cuento de Perrault, ni una metáfora, ni un recurso pseudoliterario para dármelas de intelectual.

No, es una terrible y cruda realidad: el zorro se ha comido a mis gallinas.

Con esta frase que nunca pensé pronunciar, verbalizo al fin la tragedia que aconteció hace escasamente una semana en casa tigre cuando el zorro o, mejor dicho, la zorra que vive detrás del establo de las ovejas, se comió a las dos gallinas lustrosas que con tanto mimo y esmero habían criado las tigresas.

Curiosamente, la que más ha aprendido con la moraleja de esta fábula en la que se ha convertido nuestra vida desde que abrazamos la vida rural, he sido yo.

IMG_5615IMG_5654-compressorNo puedo explicarles en cuantos trozos se me rompió el corazón aquel fatídico domingo cuando el padre tigre nos confirmó lo que ya nos temíamos tras encontrar La Primera el gallinero lleno de plumas y sin gallinas.

Si hay algo que no se merecían mis niñas, por muchos quebraderos de cabeza que me den, es que nadie se comiera sus gallinas. Ya me van ustedes conociendo y saben que no me caracterizo por idealizar a mi prole, nadie estaba más sorprendida que yo con el tesón y la constancia que las tigresas habían demostrado con sus gallinas.

Ni un día habían faltado a su cita puntal para darles de comer, de beber y sacarlas a pasear. Ni un mísero día se les había olvidado volverlas a guardar en el gallinero antes del atardecer para evitar precisamente que se las comiera el zorro. Ni. Un. Día. Desde Agosto, que ya es decir.

Lo que no habíamos calculado es que con tanta nieve el zorro estaba más canino que nunca y dispuesto a jugarse el pellejo asaltando el gallinero a plena luz del día.

Un drama rural para el que no pudimos buscar culpables. La vida misma enseñándole los colmillos a mis tigresas sin contemplaciones. No nos quedó más que aceptar la realidad sin edulcorar: El zorro se había comido a Charlie y a Berta. No era culpa nadie. Ni siquiera del zorro.

Y no, Charlie y Berta no iban a volver, ni se habían ido de viaje a una confortable residencia de pollos célebres, ni íbamos a salir corriendo a comprar una camada de pollitos teñidos de rosa que nos quitaran el disgusto, ni nos íbamos a cargar a la zorra que sólo está cogiendo fuerzas para poder criar en primavera.

Resulta que la vida es así hijas de mis amores, así de imprevisible y así de cruda. Hay veces que por mucho que quieras y cuides a alguien, por mucho que hagas todo lo que tienes que hacer y cumplas religiosamente con todos y cada uno de tus deberes y obligaciones, por muchos planes que hagas y deseos que tengas, hay veces que la vida viene así. Porque sí.

Pero tan cierto como que la vida es así, también es cierto que, por muy trágico que haya sido el final de tus gallinas, hay una cosa que ni el zorro ni la vida te pueden quitar, lo vivido.

No ha habido gallinas más celebradas que Charlie y Berta. Y no hay mejor consuelo que saberlo.

Como cuando Charlie nos confirmó que en efecto era un gallo y no una gallina con un amago de cacareo que me hizo entender por fin porqué a lo de los adolescentes con espinillas se le llama gallito y el porqué de la existencia del oficio de sexador de pollos.

Con mucha práctica aquel plañir quejicoso se convirtió por fin en un cacareo en toda y regla y con él Charlie creció en estatura y pose, y se afianzó como el gallo de nuestro escueto corral. Aunque todavía no atinaba con el timing de su reloj biológico y cacareaba siempre a deshoras en las situaciones más insólitas.

Pero lo mejor de Charlie, lo que echo de menos cada día desde que ya no está, es que todas las mañanas sin falta, cuando las niñas salían de casa para ir al colegio, las despedía a pleno pulmón. Charlie era un gallo de categoría y todo un caballero.

Entre tanto, mientras Charlie se pasaba el día pavoneándose y atusándose la cresta, Berta se nos puso hermosísima y lucía un trasero de plumas esponjosas que ya quisieran muchas mesas camillas.

En su tierna adolescencia, como cualquier teenager que se precie, estuvieron a punto de hacernos morir de estrés. El día que no se lanzaban a la carretera entre los camiones, se perdían por el bosque, o se iban de juerga al gallinero de los vecinos. Gracias al cielo la madurez les hizo perder el gusto por las actividades de riesgo y todos pudimos volver a respirar tranquilos.

IMG_5636-compressorCharlie y Berta eran una pareja a la antigua usanza, siempre juntos, cada uno a lo suyo sin perderse nunca de vista por el rabillo del ojo. Les gustaba pasear por el jardín, cotillear en todas las puertas y supervisar los ires y venires del jardín.

Allá por noviembre Charlie y Berta consumaron su matrimonio, lo que fue causa de mucho alborozo entre las niñas que tuvieron a bien narrarme con pelos y señales como nuestras otrora inocentes gallinas se habían revolcado debajo de un pino.

Empezó entonces una época de aquí te pillo aquí te mato en la que Charlie se dedicaba a profanar mis cafés bucólicos mirando al infinito montando a Berta sin ningún tipo de pudor ni decoro.

Empezamos a ver entonces que pronto habría que buscarle más concubinas a Charlie a riesgo de que nos dejara exhausta a la pobre Berta que todavía parecía disfrutar de aquellos encontronazos carnales.

Avanzaba el invierno y Berta, cada día más oronda y lozana, decidió por fin poner su primer huevo. Y no puso uno, no, puso cuatro. Nuestra Berta era así, no les gustaban las medias tintas. Aquella fue la tortilla más gloriosa de la historia en casa tigre y me vi en la obligación de sacar al padre tigre de una reunión para contárselo.

Por desgracia, el destino quiso que Berta sólo llegara a poner diez huevos, morenitos todos ellos. El último se lo comió el padre tigre hace dos días con un regusto a homenaje póstumo.

En primavera volveremos a tener gallinas. Las niñas ya están afanadas con los planes de reforma del gallinero para mejorar la seguridad y comodidad de nuestras futuras gallinas. Lo cierto es que no puedo esperar a volver a tener el jardín lleno de gallinas contestonas.

Charlie y Berta, os echamos de menos, D.E.P.

 

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36 thoughts on “Dos gallinas y un destino

  1. Mira que siempre lo consigues. Cómo hacer de una historia bucólica, costumbrista y casi sin sal, algo que me deje completamente enganchada a ese relato como si estuviera leyendo la mejor de las novelas.Fíjate que mi tío tiene gallinas y más de una vez, la zorra de ella se las ha comido, pero te aseguro que jamás he disfrutado mientras me contaba la historia. Eso solo lo consigues tú. DEP Charlie y Berta

  2. Jajajaja pobres niñas! Pero bueno es el ciclo de la vida. Podrían haber tenido algún pollito pero claro, me imagino un tortillon de un sólo huevo y me relamo, así que también lo entiendo. Vas a tener que traerte más hembras para que sí la zorra vuelve, no extinga la estirpe gallinotigresa.

    1. Puedo entender como te sientes… A nosotros la zorra no nos mató las gallinas, en nuestro caso fue un zorro pero de dos patas. Aunque fue gracioso (por decirlo de alguna manera). Teníamos 3, dos negras (Balbina y Claudia) y una blanca (Rosario) y se llevaron a Balbina y a Claudia y nos dejaron a Rosario. Supongo que sería para que no sintieramos tanta ausencia, porque si no no lo entiendo.

  3. Adoro tu forma de escribir y de ocntar las historias, de verdad de la buana, deberias pensar muy seriamente en publicar un libro recopilando cortos, porque tu forma de escribir es adictiva!!!!!!!!!

    Pobres tigresas sin sus gallinas!!!!!!!!!!! como muy bien has dicho asi es la vida, el zorro tiene hambre y se come a las gallinas, porque por mucho que tod y Tobby nos idealizara la idea del zorro, el zorro, zorro es!!!!!!!!!!

    Muchos besos y deseando leer tu siguiente entrada!!!!!! Hazme caso y dedicate a esto!!!!!!!

  4. Que recuerdos. Tuvimos gallo y gallinas en el colegio de Barcelona, los cuidaban nuestros alumnos. Lacasito era el gallo. Los robaron, desplumaron y sangraron una noche en el patio del colegio. Nuestros zorros eran humanos… Explicarlo a los niños por la mañana no se me olvidará nunca. ¡Ánimo con vuestra granja!

  5. Bueno, el post de hoy me ha parecido superior… Relatar la vida de Charlie y Berta de la forma que lo has hecho me ha encantado… Vamos, de hecho me he llegado a encariñar con ellas y me ha dado una pena terrible su triste final… En serio, me parece de nota como has sido capaz de describir momentos tan simples de la vida de una gallina (“Charlie y Berta eran una pareja a la antigua usanza, siempre juntos, cada uno a lo suyo sin perderse nunca de vista por el rabillo del ojo. Les gustaba pasear por el jardín, cotillear en todas las puertas y supervisar los ires y venires del jardín”)… es genial!!!.
    Ahora sí, tambien te digo que si mi abuelo leyera el post de hoy, pondría cara de desconcierto y nos diría, literal, “no sabéis más que decir tontás. Vamos por Dios, que son unas gallinas”, jajaja.
    Genial como siempre!!
    Besos

  6. Ay, pobres gallinas, qué disgusto…! Pero mira, nunca pensé que pudiera engancharme así a un relato sobre gallinas… Tus tigresas son unas afortunadas de poder vivir experiencias así, para lo bueno y para lo malo. Deseando estoy de conocer a las nuevas inquilinas de vuestro mejorado gallinero. DEP Charlie y Berta

  7. Ay ay ay ay….
    He tenido que reírme lo siento.
    Tanta seriedad :P
    Pero oiga la moraleja vale la pena pero sobre todo que veamos que lo bucólico del campo siempre tiene sus peligros :P
    Un besote desmadroso y un abrazo a tu alma por la pérdida

  8. El fin de semana pasado un zorro se comió la pata de mi tío, así que te entiendo. Lo que no acabo de entender es ¿la zorra es vuestra? ¿para qué la tenéis?
    Por cierto, los huevos de pata son buenísimos y más grandes que los de gallina, por si queréis aumentar la Familia Tigre.

  9. Puedo dar un par de consejos basados en mi experiencia. Lo único q ahuyenta a un zorro es un perro y dos, nunca dejes a un perro sólo con la gallinas porque perros y zorros no es que se lleven mal por naturaleza, sino porque Las gusta el mismo menú ;-)

    Suerte con la nueva hornada

  10. Es que la vida en el campo es lo menos bucólico que hay. No lo sabes hasta que no vives allí.
    Me sumo a la recomendación de los huevos de pata. Tienen una yema enorme y no se rompe al freírlos. Eso sí, a las patas hay que cortarles un poquito las plumas de la punta de las alas. Si no, salen volando y no las vuelves a ver. Son mucho más limpias que las gallinas, lo que no es poco.
    Un saludo.

  11. Pero bueno…. qué descarada la zorra!!! Con lo monos que eran Charlie y Berta… en fin, son los avatares del día a día no? Ahora toca pensar en el nuevo gallinero, suerte!!!! Ah… y muchísimas gracias por contarnos la historia. Un beso, Elena.

  12. Ay, Tigresa Madre, ¡Escribes como los dioses! Buenísimo post, me ha encantado.
    Literatura aparte, pobrecitas Tigresas. Aunque me parece muy bien que les hayas contado la (cruda) realidad. Que hoy día hay niños que con 13 años todavía creen en el Ratoncito Pérez… Y a mí, eso, ¡Que alguien me lo explique por favor!

  13. Pues genial, absolutamente genial …
    Por el pueblo en que vivo en #laisla hay zorros, de noche (osea, a las 4 de la tarde en invierno) salen a pasear, pero el otro día que semi nevaba me encontré con uno en mitad de un cruce, nos miramos, y cuando intenté sacarle una foto, se marchó! No se que comerán por aquí, me has dejado con incertidumbre acerca de lo que será, por que hay mucha casita con jardincito, pero tienen perros y gatos….
    Por cierto, son guapísimos los zorros!!
    Una oración por tu gallo y tu gallina, pobrecillos!!!

  14. Oh! Que tristeza toda la historia. Supongo que así es la vida. Tal cual. Leer tu hsitoria me recordó a un cuento escirto por un autor venezolanoa llamado Gabriel Jimenez Emán, sobre Fina la gallina. Tuve la oportunidad de conocerlo, y me contó que efectivamente Fina había existido, era una de las gallinas que tenía en su casa, pero a la que le había agarrado más cariño.
    Te dejo el link al cuento, en este caso no fue un zorro, fue un corazón roto http://ficcionbreve.org/la-triste-historia-de-finia-una-gallina-enamorada-de-gabriel-jimenez-eman/

    :)

  15. Jajajahhhaaaaaaa
    ¿Me perdonas por troncharme ?
    Me ha parecido muy gracioso tu post .
    Y no por eso me ha dado menos pena , pero estoy de acuerdo contigo , tener gallinas ( que a mi me chiflan y lo de los huevos el milagro del sigllo )es un poco vivir al limite y es bueno que las tigresas sepan que la vida te cambia en un segundo
    Pasas de cantar al amanecer. A que una zorra te joda la vida .
    Me encanta como escribes

  16. me hace gracia , y no porque que te ocurriera… me explico; yo también vivo en el campo. Y, aunque no tengo gallinas, esta semana encerramos a las del vecino que no está para evitar que les ataque un zorro ¡

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